Ante la incapacidad de establecer relaciones amistosas con hombres heterosexuales (sea por la ausencia de gustos comunes o el prejuicio que pueda haber en alguno de los dos), solemos tornar, los hombres homosexuales, nuestra confianza en mujeres heterosexuales. En teoría: no hay riesgo de que haya tensión sexual, ella puede disfrutar de la compañía de un hombre carente de motivos ulteriores y hay mayor probabilidad de que haya gustos en común. Hay ocasiones en donde lo anterior no es el caso, y a veces es difícil identificar la diferencia. Desde pequeños se nos condiciona a asumir roles sociales y regulaciones que aplican supuestamente a todos. Un hombre debe de proteger a sus hermanas y a su novia de cualquier enemigo, pagar por la cena, destaquear el desagüe, etc. Una mujer, en cambio, debe de atraer a un soltero apto, traer al mundo a sus hijos, cuidar a los mismos, preparar bocados para todos. Los anteriores son ejemplos caducados, que como variables, pueden ser aplicados ...